Alumnos de la escuela de Verdicio y, al fondo, el profesor con el «peque» de la clase. (LORENA VENTURA)

Comarca 06/10/2018

LORENA VENTURA (Logrezana / Guimarán
/ El Valle / Verdicio / Heres)
 
Los colegios urbanos están de bote en bote, especialmente en educación Infantil. Para muestra la escuela de 0 a 3 años de Luanco, donde más de 30 niños se han quedado sin plaza y sin visos de tenerla en el futuro a corto plazo. Pero la realidad es bien distinta en la zona rural. La sangría de cierres es incesante. Antromero (2005), Viodo (2009), Carrió (2010), Tamón (2010), Manzaneda, Perlora (2012), Podes (2012), Cardo (2016)… Antes ocurrió lo mismo en Prendes, Coyanca, Ambás, El Regueral, en Carreño, así como Nieva y Condres, en Gozón.
 
Este curso escolar ha arrancado con la desaparición de la escuela de Laviana. La Consejería de Educación y Cultura marca un ratio mínimo de cuatro alumnos para mantener abiertos los colegios rurales. Y en el caso de Laviana llevaba varios cursos en la cuerda floja. Se mantenía con cinco matrículas, cinco niños de una misma familia de etnia gitana. Pero el cambio de dos de ellos a otro colegio ha desencadenado la clausura.
 
Así las cosas, solo quedan seis escuelas rurales en la Comarca, dos en Carreño (Guimarán-El Valle y Logrezana); y cuatro en Gozón (Bañugues, Ambiedes, San Jorge de Heres y Verdicio). Dos de las que tienen menos alumnos, Logrezana y Verdicio, conciencian sobre el potencial de los centros rurales para no correr la misma suerte.
 
Claudia Arias Vázquez y Secundino Iglesias Mastache acaban de aterrizar para dar clase en Logrezaba con todas las ganas del mundo para luchar por la pervivencia de la escuela que fundó el indiano Manuel González Martínez hace casi un siglo. No en vano, tienen experiencia de dar clase en escuelinas de Cangas del Narcea como  las ubicadas en el Valle del Naviego o en Santana. Este año cuentan con solo cuatro menores y una de las alumnas pasará a completar el ciclo de Primaria a Candás el próximo curso, con lo que la pervivencia del centro corre serio peligro.
 
¿Qué les dirían a los padres con hijos en edad escolar? «No es lo mismo dar clase a 23 que a cuatro. La enseñanza es más cercana y flexible. Mucho más rica, en definitiva», defienden, intercalando sus valoraciones. La falta de escuela también pone en jaque la riqueza cultura y social de la zona porque «un pueblo sin escuela… no debe perderse», piensa en voz alta Iglesias Mastache, quien estaba definiendo el programa de actividades para el presente curso.

 

El curso arranca con el cierre de la escuelina de Laviana

Logrezana y Verdicio conciencian sobre el potencial de los

centros rurales para no

correr la misma suerte

«Iremos al Acuario, a La Laboral, al Muja, al Museo de la Prehistoria de Teverga… a todas las excursiones que podamos», enumeraba. Su compañera de trabajo explica que llega con «ilusión de hacer cosas». Residente en Gijón, pero con vínculos familiares en Carreño, incluso está dispuesta a hacer campaña para buscar alumnos para la escuela de Logrezana, que está de capa caída desde la jubilación en 2016 de José Manuel García Yedra, más conocido como «Pepe, el Maestro», momento en que había matriculados más de una docena de alumnos.
 
CLASES EN LA HIERBA
En Verdicio las cosas tampoco son muy halagüeñas. El centro cuenta con cinco alumnos, dos de ellos en sexto, último curso de Primaria. Su profesor, José María Vázquez, prefiere no dar una visión catastrofista de la situación porque se han matriculado dos alumnos, uno de ellos un peque de solo tres años y podrían llegar más porque «tenemos infinitos recursos». De entrada, una escuela con encanto en un entorno privilegiado con dos aulas «muy espaciosas y soleadas de unos 80 metros cuadrados, aunque en ocasiones sacamos las mesas y sillas al prado». La escuela cuenta con todos los especialistas y profesorado de apoyo, así como buenos medios informáticos (ordenadores de sobremesa, portátiles, tablets y están pendientes de recibir una pizarra digital).
 
Vázquez es un verdadero entusiasta de la escuela rural desde que dio clase en 14 pueblos desde Cangas a Leitariegos. «Iba en todoterreno por pistas para acceder a algunas escuelas. Había veces que llegaba tarde porque me encontraba vacas en el camino, pero fui muy feliz en la zona suroccidental», remarca.
 
El profesor incide en que los niños de Verdicio no están aislados del mundo porque son constantes las actividades conjuntas con el resto de alumnos del CRA Cabo Peñas.
 
Milagro en Heres y Baby Boom en Guimarán-El Valle
Mientras que en Logrezana y Verdicio el futuro se presenta incierto, en Guimarán-El Valle están viviendo un auténtico «baby boom» para gozo de la comunidad educativa y del pueblo en general. Tienen 20 «peques» (16 en Infantil y cuatro en Primaria). «Estamos felices. Esta escuela promete. Aún hay hermanos de alumnos por venir», dice Lorena Piquero Pérez, profesora en el «cole».
 
«FOMENTA LA COOPERACIÓN
Y EL TRABAJO EN EQUIPO»
Nieves Torre Varela, de San Jorge de Heres, también tiene motivos para estar contenta. Y es que la escuela ha pasado de cuatro alumnos en el curso 2016/2017 a diez en la actualidad. «La convivencia entre niños de distintas edades fomenta la cooperación y el trabajo en equipo. Además, inevitablemente los más pequeños escuchan las lecciones de otros cursos y aprenden antes, al tiempo que los mayores repasan constantemente», recalca.  El contacto inmediato con el entorno también es reseñable. «Da pie a clases vivenciales y manipulatibles con la naturaleza, por ejemplo, para explicar el ciclo del agua», dice.
 
La docente extrapola la salvación del centro al movimiento vecinal. «Es una parroquia viva cuyas familias tiran por la escuela», indica Torre Varela. El futuro es prometedor en Heres. «El año que viene podrían entrar cuatro niños en Infantil

Una de las primeras clases en la escuela de Logrezana. (LORENA VENTURA)

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