Imagen que recoge la incorporación de los agentes a la Policía Local en 1981. (P. L.)

ADIÓS A 38 AÑOS DE AYUDA AL CIUDADANO

Gratiniano Rodríguez Marcos, Joaquín «Castillo» Rueda y José Ramón «Álvarez» García dejan el uniforme tras lograr la esperada jubilación

05/01/2019 / Especial Año Nuevo
LORENA VENTURA  (Candás)
 

Iba para mecánico, pero lo dejó todo por «la vocación de ayuda al ciudadano». Es el resumen que hace Gratiniano Rodríguez Marcos «Grati», de 63 años, a casi cuatro décadas como agente de la Policía Local de Carreño. Lleva los mismos años que otros dos compañeros con los que entró a prestar el servicio en 1981: Joaquín «Castillo» Rueda (61 años) y Jose Ramón «Álvarez» García (62 años). En pocos meses también se retirará Jesús Palmeiro Longo, jefe de la Policía Local durante muchos años, puesto que actualmente desempeña Ramón Martínez Álvarez.

 

La despedida se produjo entre los últimos coletazos de 2018 y la entrada al nuevo año. «Me encuentro bien, pero por otro lado siento nostalgia. Son muchos años», dice «Alvarez», quien entrecorta la conversación y se emociona solo de pensar en este importante cambio vital. Pero retoma la charla y comenta que para él el compañerismo ha sido fundamental. De ahí que no quiera «fastidiar» a su casi familia. «Me quedan cinco días, que los podrían coger y no venir ya, pero quiero acabar el turno. Prefiero perder los descansos», clarifica quien empezó como comercialen el mundo laboral.

 

El gijonés casi candasín (residió en Carreño 18 años) sacó la plaza  tras superar unos exámenes a los que se presentaron casi 40 candidatos. Hubo unas pruebas físicas que incluyeron, entre otros, correr un kilometro en menos de tres minutos. «Era ir hasta la pica y volver», indica «Castillo», que antes de ser agente trabajó en el sector del metal y en la hostelería. Además hubo una examen teórico con temas sobre la administración local y el código de circulación.

 

Los tres han pasado un sinfín de vivencias. Buenas e incluso simpáticas y otras malas . Una que «Álvarez» recuerda con una sonrisa fue la desaparición «fugaz» de un agente. «Nos mandaron ir a Piñeres porque había una perra suelta que estaba mordiendo a la gente. Íbamos de noche y, de repente, desapareció un compañero. Había caído en uno de los pozos que se hicieron para construir los adosados. No le pasó nada. Estuvimos toda la noche riendo», rememora.

 

EXPLOSIÓN CON DIEZ MUERTOS

Pero al policía se le hace un nudo en la garganta al recordar un terrible accidente en la variante nueva, a la altura de Albandi, en el que falleció una enfermera del Hospital de Jove. Sus compañeros también recuerdan con tristeza otro suceso que les tocó casi nada más empezar a trabajar. Mencionan la explosión de gas en un bar de Luanco en el que murieron diez personas, cinco de una misma familia. Afortunadamente las muertes violentas fueron muy puntuales. Solo recuerdan cuando «pincharon a un hombre en El Nenos», que finalmente murió.

 

«Castillo» prefiere guardarse las anécdotas simpáticas. «¡Hay tantes! Pero no se pueden contar», dice quitando hierro al asunto. Aunque pronto rememora con «Grati» aquel día en el que un vecino perdió la dentadura postiza y la encontraron en la Escalinata Jesús García Prendes. A su propietario le faltó tiempo para ponérsela de nuevo ante la extrañeza de los agentes.

 

Los policías entraron a prestar servicio en plena algarabía de los  80. Estos tres policías se encontraron con un Candás alegre. Había varias discotecas (Tanos, Zapping, Marsol...) y los alsas venían a tope de gente. «Las fiestas cambiaron bastante. El Cristo duraba una semana», resume «Castillo». «Era raro el día que no teníamos un jaleo con conocidas familias de Candás. Robaban, se pegaban… y tenías que intervenir», indica «Álvarez», aunque concreta que «el 90% de los candasinos son buenos», aunque estén echados a la calle, hablando de su claro carácter festivo. «Nos conocemos todos y más o menos sabes quién te la lía», expresa «Castillo». De todas formas, uno de sus principales cometidos en los 80 era regular el tráfico desde el «quiosco de Conchita» (avenida Constitución). Y es que no existía la variante y, de aquella, había mucho tráfico por la calle Braulio Busto.


 

¿A qué se van a dedicar ahora? «Álvarez» y «Castillo» coinciden en que aprovecharán para viajar y para hacer deporte. Por su parte, «Grati» hará lo que muchos jubilados: pasear y cuidar de su huerta de El Regueral.

 

La evolución en estas cuatro décadas ha sido evidente en muchos aspectos. Partiendo del número de la plantilla, que pasó de ocho a los 22 actuales. Eso sí, eran pocos y empezaron a hacer turno de noche, aunque las 24 horas se implantaron hace relativamente poco. Antes de cinco a ocho de la mañana no había turno.

 

Lo más visible, como es el uniforme, también cambió. Al principio vestían camisa de manga larga (fuera invierno o verano), corbata, camisa, «guerrera» y gorro de plato. «Durante unas vacaciones de verano de Várcacel (jefe de la Policía Local de Carreño de entonces) hablamos con el área de Personal del Ayuntamiento y nos permitieron usar manga corta», aclara «Castillo». Una de las últimas inversiones del Ayuntamiento en este aspecto fue la incorporación de chalecos antibalas por la psicosis terrorista.

 

Las modificaciones también han sido sobre ruedas. En un principio se patrullaba en moto. «Primero había dos Ducati 350 con las que despertábamos a todo el pueblo. Finalmente se adquirió el primer coche: un Renault 12 ranchera». indica «Castillo».

 

ESCUELA DE LA MORGAL

En el aspecto organizativo también hubo una metamorfosis. Al principio no existía un sistema de trabajo claramente definido.  Los días de asueto también eran diferentes. En los 80 se trabajaba cinco días y se descansaba uno, que nunca coincidía con las fiestas. Posteriormente se pasó a un sistema a turnos tipo Ensidesa de 3-3-4 hasta implantar el conocido como ecológico de 6-4 (dos mañanas, dos tardes y dos noches, con cuatro descansos).

 

En cuanto a formación se pasó de las charlas del jefe y las pruebas de tiro en El Regueral a acudir a la Escuela de La Morgal para recibir todo tipo de conocimientos en áreas tan variadas como tráfico, Código Penal, Violencia de Género…

 

La oficina de la Policía Local era en los bajos del viejo Ayuntamiento (ahora están en la planta primera). Compartían espacio con el veterinario y se comunicaban con los vecinos a través de una pequeña ventana. ¿Y entre los agentes? Al principio ni usaban transmisores. «Várcacel» se comunicaba con la plantilla soplando el silbato. En la actualidad tienen smartphones, fax, ordenadores con conexión a internet, acceso a la red municipal... Nada que ver con antaño. 

Los tres policías revisan un álbum histórico. (L. V.)

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