Margarita Muñiz y Pedro Suárez están plenamente integrados en Italia. (Selfie P. S. G.) 

EL CEREBRO DE LOS CEROS Y UNOS DEL METAL

Pedro Suárez, de Viodo, es responsable de infraestructuras informáticas en Italia para ArcelorMittal en un contexto de guerra de aranceles

01/11/2019 / La Contra

LORENA VENTURA (Viodo)

 

El cerebro de los ceros y unos del metal nació en un lugar eminentemente rural, rodeado de un entorno verde y muy cerca del horizonte del mar Cantábrico, por algo se crió en la zona más septentrional de la península. Pero el destino ha llevado a Pedro Manuel Suárez García, de 45 años, a Taranto, donde es responsable de infraestructuras informáticas en la planta de ArcelorMittal. El gozoniego se ha acogido al plan de movilidad internacional de la multinacional, que supone estar al menos tres años en Italia, con un tope de cinco, con garantía de retorno. Así que volverán a Bañugues, donde tienen fijada su residencia.

 

El ingeniero superior en Informática de Sistemas ha llegado allí en un momento crucial. La guerra de los aranceles, iniciada entre Estados Unidos y China, ha hecho tambalearse un sector hasta el momento rentable, tanto que es sostén de la economía asturiana, ya que da empleo directo a más de 5.000 personas. También ha vivido cambios vitales. Este año se estrenó en la paternidad junto con su mujer, Margarita Muñiz Gutiérrez, a la que conoció en el Grupo Folklórico Ocle. Las gemelas Sofía y Carlota nacieron en Italia en mayo, pero fue en octubre cuando tomaron por primera vez contacto con el Cabo Peñas.

 

¿Cómo ve la fortaleza del acero asturiano? «Ahora estamos pasando por una situación de crisis por  la invasión de productos de fuera que entran en Europa: Turquía, Rusia, China… », expone. De ahí que, a su juicio, los aranceles solo deberían servir como penalización a los países que produzcan sin que los trabajadores tengan unas condiciones laborales dignas.

 

A pesar de la competencia, se muestra positivo respecto al futuro del sector. «Asturias tiene buenas condiciones: una planta tecnológica  con instalaciones punteras y un puerto que facilita la entrada de materias primas, pero siempre hay que reconvertirse para mejorar», indica.

 

CONCILIACIÓN FAMILIAR

A su criterio, habría que saber conservar a los buenos profesionales cualificados, algo relativamente fácil porque «en Asturias se vive muy bien. Creo que es un buen sitio en el que hacer un centro de investigación relacionado con la siderurgia y la metalurgia, algo en lo que somos punteros, y también con las energías alternativas», dice.

 

 

¿Cómo ve a su concejo en ese escenario? «Gozón se quedó un poco al margen del tejido industrial, aunque hay muchos vecinos que trabajan en ArcelorMittal, pero creo que se debería invertir más en nuevas tecnologías y en energías renovables. Se debería integrar el aprovechamiento del viento y la fuerza maremotriz en nuestro paisaje». El gozoniego lleva bastante bien un nivel de tensión laboral alto con su nueva faceta como padre. «De momento se portan muy bien. Nos dejan dormir toda la noche. Pero en mayo no era así. No me podía imaginar que se podían dar tantos biberones. Hacíamos rondas de ocho biberones al día, multiplicado por dos. Eso es mucho», relata.

 

La conciliación ha sido posible gracias a una reducción de jornada. Los convenios italianos permiten poder entrar dos horas más tarde o salir dos horas antes por cada hijo durante el primer año. Y es acumulativo. «En mi caso salgo dos horas antes. Pero no sumo dos y dos. Con cuatro horas no podría abarcarlo. Lo que hago es una jornada de ocho a dos, sin parar para comer. Luego hago alguna reunión por Skype desde casa porque no importa dónde estés ubicado», clarifica Suárez García. Se trata de su herramienta de cabecera tanto en lo profesional como en lo personal. Los abuelos rápidamente se adaptaron a Skype para ver a las gemelas. De todas formas, los yayos de Viodo ya dominan las herramientas tecnológicas porque gestionan desde hace muchos años apartamentos turísticos. Aunque nada mejor que dejar a un lado la pantalla y verse en directo. Familia, amigos y vecinos los recibieron el pasado mes con gran alegría. No era para menos, era la primera vez que llegaban con sus hijas y la emoción estaba a flor de piel. Sus allegados aprovecharon al máximo estos días con ellos porque no podrán pasar las navidades en Gozón. Volverán a verse en enero del año que viene.

 

La estancia se hizo corta por las continuas visitas de las personas más próximas, con lo que pocas horas antes de marchar, esta familia de cuatro logró volver a pisar uno de los lugares especiales para ellos y que querían enseñarles a su hijas: la playa de Bañugues. También les gusta perderse por el Cabo Peñas y la antigua mina de Llumeres.

 

De vuelta a Taranto, el ingeniero echará de menos a su familia y también a la excelente gastronomía astur y, por delante de todo, la fabada. «No me puedo quejar de allí. Si te gusta la pasta, se come bastante bien. También hay mejillones con un sabor especial que se cultivan en la bahía de Taranto. Además en Italia son muy abiertos, se nota que son mediterráneos. De hecho, pareces que los conoces de toda la vida», se consuela Suárez García.

 

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