«Fredy» Campelo Juárez, rodeado vinilos en una fotografía actual. (L. VENTURA) 

LA ÚLTIMA NOCHEVIEJA EN LA DISCO DE MODA

«Fredy» Campelo Juárez recuerda los temas que sonaban en la Navidad de 1994, cuando se cumplen 25 años del cierre de la discoteca Marsol

06/12/2019 / La Contra

LORENA VENTURA (Candás)

 

En las pistas de baile sonaban con fuerza INXS, La Unión, Prince, Roxette, Neneh Cherry… Y en vinilo porque el sonido «es más limpio, de mayor calidad». Con un buen amplificador, unos altavoces y una mesa de mezclas se hace el resto. «Candás era lo más», sintetiza «Fredy» Campelo Juárez. Pero tras aquel fin de año de 1994 nada volvió a ser lo mismo. La villa marinera, que tantísima gente había acogido para pasárselo bien en alguna de las tres discotecas que había abiertas, se transformó en un pueblo más tranquilo. «Los alsas venían llenos de Gijón», recuerda el pinchadiscos.

 

El candasín conserva esa fotografía de la navidad de hace un cuarto de siglo dentro de la cabina del Marsol. Tras aquello, el ocaso llegó tras el carnaval de marzo de 1995. Se cerró la sala y, caprichos del destino, fue él quien se encargó con una maza de tirar abajo la cabina que tantas alegrías le había dado, ya que seguía siendo trabajador de la discoteca. A día de hoy no se explica la decisión empresarial. En aquel momento nadie se creía que fuera para siempre porque se echó el candado «estando a tope», recuerda el vecino, de 49 años.

 

Desde la tranquilidad que da la madurez aún sueña con sentir, aunque sea por un día, lo vivido en los 80 y los 90. De ahí que le gustaría organizar una fiesta revival, como hicieron con éxito el Tyk y el Jardín. «Estaría bien que fuera en el muelle y fueran los pinchadiscos de aquella. Se podría instalar una pantalla con fotografías de la época. Hay que hacer algo porque marcó a varias generaciones», dice. En las fiestas de Nochevieja se sacaban temas de artistas que no solían escucharse a lo largo del año como Massiel, Paloma San Basilio, María Jiménez…

 

Su afición vino a raíz de que un familiar le regalase un disco de C.C. Catch. A partir de ahí, tanto él como su hermano, Jorge, iban comprando uno o dos al mes. Eso ocurrió siendo unos adolescentes. Luego surgió la oportunidad de trabajar como dj. «Empecé como pinchadiscos en el 89 sustituyendo a Juan Argüelles, de Perlora, que se había operado de una rodilla. Luego fui a la “mili” en 1991 y un año después empecé en el Zappin hasta 1994 que volví para el Marsol. Y en 1995 se acabó. Cerró el Marsol y hasta hoy, que no hay nada», enumera con añoranza. Este apasionado de la música, que ahora es padre, piensa en los suyos. «Tendría que haber algo para la juventud en Candás, donde poder divertirse. Tienen que marchar fuera.  Antes lo teníamos todo aquí. Había un ambiente bueno», explica.

 

Pero antes de trabajar como pinchadiscos, vivió la sala desde el otro lado. Empezó a parar por el Marsol cuando se hacían los play black. De aquella abría todos los días de verano. Se apuntaban muchos jóvenes porque conseguían el pase para toda la temporada estival. También era habitual que las fiestas de los institutos se celebrasen en la discoteca.

 

La primera vez que entró lo hizo literalmente por la puerta de atrás. Era un quinceañero que se coló con un grupo que iba a representar la canción de Thriller de Michael Jackson. Tiempo después se subiría él al escenario con los amigos para disfrutar con las canciones de Duncan Dhu, Loquillo o Los Rebeldes. Y es que hubo una época en la que fue rockabilly.

 


 

Mantiene su pasión musical intacta y el número de vinilos sigue creciendo. En la actualidad tendrá unos 2.000. «Voy ampliando la colección comprando los temas que pinchaba de aquella en las ferias de antigüedades y los que me regala la gente porque no los quieren», subraya. Tiene un poco de todo: Sabina, David Bowie, Spandau Ballet, Héroes del Silencio, The Cure, INXS, U2, The Pretenders, Bryan Adams, The Cars, Duran Duran, Police… También tiene canciones para enamorar. Y es que en los 90 había una sesión para bailar lento. Era media hora para acercarse y conquistar. En el Marsol sonaban «sobre todo las baladas de George Michael».

 

De tarde, noche o madrugada, para el candasín no era un trabajo. «No me importaba levantarme temprano para hacer el vaciado de la bebida o ayudar en el decorado de las fiestas temáticas. Era feliz», destaca. Desde la cabina animaba a la gente en los días más fríos del invierno, cuando salir a la pista se hacía más cuesta arriba. «¿Bailamos o vamos para casa?», jaleaba.

 

Hoy cuida con mimo su tesoro musical. «Compro centenares de fundas protectoras y arreglo las carátulas. Lavo los vinilos en la bañera con agua y jabón», explica. Hace un par de cursos, «Fredy» Campelo Juárez acudió al colegio de sus hijos a explicar a los que nacieron después del cambio de siglo qué es un vinilo. Parece que su colección estará a buen recaudo en el futuro. «Mi hijos han crecido con el tocadiscos y los vinilos. Disfrutan bailando y cantando tanto de mi época como de la suya. Solo espero que sepan valorar y conservar toda la música que hay en casa», concluye.

 

El candasín en la cabina de la discoteca Marsol. (F. C.) 

Su afición vino a raíz de que un familiar le regalase un disco de C.C. Catch, que aún conserva. (LORENA VENTURA)

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