Carreño pierde el servicio de psicólogo municipal al ser una «competencia desleal»

La alcaldesa está buscando fórmulas tras la jubilación de la profesional 

que llevaba la atención de pacientes desde hace 40 años

05/03/2022 / Carreño

LORENA VENTURA (Candás)

 

El concejo ha dicho adiós a una asistencia pionera en el peor momento. Pero la alcaldesa, Amelia Fernández López, está tratando de que solo sea un hasta luego. Por lo pronto, Carreño ha perdido el servicio gratuito de psicólogo municipal al no entrar dentro de los cauces de contratación del siglo XXI por considerarse una «competencia impropia».  

Lo ha hecho a raíz de la jubilación de la profesional que se encargaba de este servicio, María José Rodríguez Moro, durante la friolera de 40 años. La psicóloga clínica es muy apreciada en el concejo porque siempre mostró su buena predisposición hacia vecinos de todas las edades que la necesitaban.

Varias personas que recurrían a este servicio se muestran muy preocupadas con la situación y no acaban de entender la razón de porqué no se puede cubrir la plaza con otra persona. El dinero no es el problema porque el Ayuntamiento ya tenía reservada una partida para ese puesto. Sin embargo, no cabe un nuevo contrato. La regidora explica las razones. «Hay que trasladar a la gente que la solución no es tan rápida como queremos porque el asunto entra en un ámbito de competencias. Nosotros no podemos hacer competencia desleal a las clínicas ni podemos contratar», expone Amelia Fernández. 

Carreño no cuenta con una clínica específica privada, pero sí hay varios profesionales autónomos afincados en el concejo. «La salud mental no es una competencia propia de los Ayuntamientos. La situación era que, al haberlo público, fagocitó el desarrollo de iniciativas privadas», agrega Fernández.

No obstante, la alcaldesa ha hecho varios intentos para contar con el servicio desde otra perspectiva. En principio, explica, contactó con el Colegio Oficial de Psicólogos del Principado de Asturias para firmar un convenio de colaboración con el objetivo de seguir prestando el servicio en un sistema similar al que llevan a cabo en otras Comunidades Autónomas. «El colegio nos comentó que no era viable esa fórmula que planteábamos porque sería una cesión ilegal de trabajadores», recuerda la regidora, quien lo descartó por «inviable».  El Consistorio ha mirado ahora al Principado para solicitar ayuda, pero desde otro prisma de trabajo. No se regirá por una simple cita previa. En concreto, la idea es incorporar un psicólogo vinculado a proyectos concretos. 

La regidora ya avanza que estos irían en función de la edad. El deseo es que haya un apoyo a la infancia y juventud y otro plan para las personas mayores que sufren una soledad agudizada a raíz de la pandemia. Además se ha pensado que aquellos vecinos en riesgo de vulnerabilidad o exclusión social puedan tener la posibilidad de ir a una consulta privada, aunque no tengan medios. Esto se canalizaría a través de los Servicios Sociales. «Estamos decidiendo el tipo de programa que queremos hacer para luego contratar esos servicios», detalla la alcaldesa. 

 

El problema no se ha solucionado aún a pesar de la creciente demanda de este servicio. Y no hay plazos marcados. «No es fácil. Llevamos dándole vueltas mucho tiempo, antes de jubilarse la psicóloga y después. No puedo decir si se puede solucionar este año, pero no lo hemos dejado a un lado», deja claro Fernández. Ya antes de la pandemia se empleaban 1.500 horas anuales en terapias y el servicio de atención psicológica tenía 300 nuevas cada año. 

Por lo pronto, los pacientes, que lo han querido así, han sido derivadas a uno de los Centros de Salud Mental que dispone el área sanitaria V en Gijón, un recurso público del Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA). Pero los usuarios recuerdan que «no es lo mismo». En primer lugar porque las «etiquetas marcan». «Ir al psicólogo municipal era diferente, más anónimo. En el momento que te metas en Salud Mental, mi opinión personal es que como vayas al médico para algo, enseguida te van a decir que tienes problemas mentales», recuerda uno de los pacientes.

También algunos vecinos subrayan la excesiva medicalización de los problemas de salud mental, es decir, se duerme  el sufrimiento, en lugar de atajarlo de raíz. Y es que, aunque en determinadas patologías sea imprescindible tomar pastillas, no en todas. «Dan mucha medicación. A la psicóloga municipal ibas a hablar, a desahogar. Te daba las pautas de cómo gestionar y enfocar un problema», subraya un usuario, quien reclama que se cubra el vacío: «Lo van dejando, dejando y al final queda en nada».

 

«ATASCOS»

Otro problema son los atascos actuales de la sanidad pública. «El municipio de Carreño depende en materia de salud de Gijón. Lógicamente está cubierto en este sentido, pero la atención tiene unos retrasos», lamenta la alcaldesa. Similar opinión tiene la que era titular de la plaza en Carreño. «La gente ha sido derivada, lo que es independiente de que a la gente le resultara mejor venir conmigo porque estaba más cerca, porque las visitas eran más frecuentes al estar todo saturado… Otra cosa es lo que el Ayuntamiento pueda hacer», indica María José Rodríguez Moro. 

L. VENTURA (Candás)

 

«Hay que hacer un agradecimiento público por el servicio prestado durante cuatro décadas. Se marchó sin pena ni gloria cuando medio Candás pasó por allí». Es el resumen que hace una de las tantas personas que recurrió en un momento vital a la psicóloga municipal, María José Rodríguez Moro.

 

Su ayuda resultó esencial y de ahí el deseo de poner su trabajo en valor. «En 40 años las personas enfermamos de una cosa o de otra. A veces de salud mental. Es normal», resta importancia la profesional. De ella se destaca que siempre está predispuesta a ayudar. No miraba el reloj e incluso contestaba a mensajes de WhatsApp. «Tenía muchísimos usuarios, no paraba. Se desvivía por su trabajo», ensalzan sus pacientes. 

El caso es que, en cierta forma, lo sigue haciendo. Retardó la edad de retiro porque era necesario en un momento crucial. «Me jubilé a los 67 años. Ya tiré una temporada más porque vino la pandemia y demás. Había que hacerlo», indica la psicóloga clínica, quien se ruboriza ante los elogios. «Solo hacía mi trabajo, no te vayas a creer todo lo que digan. Estoy agradecida también», aclara.

«Me retiré con 67 años por ayudar en esta transición»

María José Rodríguez., explica que los pacientes «me siguen llamando»

Y aún sigue vinculada a los vecinos de alguna manera. «Me siguen llamando e intento ayudar, pero bueno como una pequeña transición al siguiente paso. La gente sabe que estoy aquí», asegura. La profesional recuerda un tema que ha llegado incluso al Congreso de los Diputados: la necesidad de aumentar la inversión en salud mental para reforzar la accesibilidad a los tratamientos. El coronavirus ha aumentado el aislamiento y con ello las frustaciones. Ya lo decía Aristóteles: el hombre es un animal social. «La demanda siempre es muy grande. La salud mental siempre ha estado poco cubierta y hay saturación. Claro que con la pandemia se ha notado. Nos ha afectado a todos mucho», valora.

 

​Rodríguez se queda con lo bueno de todos estos años en Candás. «Me sentí querida, cuidada. Además, aprendí y cuántas vivencias tuvimos todos. Nunca tuve ningún problema. Fue algo recíproco. No tuve más que cariño y no es hablar por hablar», finaliza. 

Imagen de archivo de la psicóloga María José Rodríguez Moro. (E. F.)

Imagen de archivo de la psicóloga María José Rodríguez Moro. (E. F.)

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