«Llamaron a la familia para que 

fueran a la UCI a despedirse de mí»

Su familia ha sido su mejor aliada.

Su familia ha sido su mejor aliada. (N. HEVIA)

Cristina López se recupera después de estar 59 días hospitalizada tras haberse contagiado en su puesto de trabajo de covid

02/04/2022 / Carreño

NADIA HEVIA  (Candás)

 

Descuelga el teléfono y empieza a disparar palabras. Cristina López Colado relata de forma atropellada, pero a la perfección, lo vivido desde aquel fatídico 6 de diciembre de 2021 cuando el COVID se cruzó en su camino. Para ser precisos, algunos capítulos están en negro. Precisamente, los correspondientes a los 59 días que pasó en la UCI del Hospital Central de Asturias (HUCA). Hoy ya está mejor. Pero llegar hasta aquí ha resultado «casi un milagro». 

La joven candasina, de 44 años, trabajaba entonces como operaria de servicios en los Juzgados de Avilés. Cada tarde, al marcharse todos los trabajadores, se quitaba la mascarilla para terminar sus tareas de limpieza. Error fatal, «no tenía que haberlo hecho». En la primera semana de diciembre, «cayeron dos» y Cristina comenzó a encontrarse mal y a tener fiebre. Tenía dos dosis de la vacuna y, pese a haber dado negativo en antígenos en los primeros días, finalmente la PCR confirmó el positivo de la variante Delta. Su marido y su hijo, también lo eran.

«Cogí un taxi y me fui para el Hospital San Agustín y ya me dejaron ingresada por que la oxigenación estaba bajando y tenía una mancha en el pulmón», dice la joven del que es uno los últimos recuerdos antes de ser trasladada intubada al HUCA con destino a la UCI. Lejos de mejorar, la situación de Cristina se complicó con nuevas patologías. «Se me infectó el respirador, tuve infección de orina y de sangre…», explica la candasina, algo común en las unidades de cuidados intensivos «porque tienes las defensas muy bajas y coges de todo». De todo esto se enteró con el informe médico «y quedé alucinada».

Prosigue el relato como si, realmente, hubiera sido consciente de cada minuto de sedación. Gracias a su familia, y especialmente a su marido, Carlos Sirgo, quien no faltó un solo día a su visita, conoce de primera mano la evolución de la enfermedad. Ella no recuerda haberlo pasado mal.

Peñes registra trece fallecidos por covid en lo que va de año

Los contagios en los tres primeros
 meses de 2022 ascienden a 1.894 

N. HEVIA (Candás / Luanco)

 

Carreño y Gozón registraron en los tres primeros meses del año trece fallecimientos por coronavirus, diez de ellos en el primero de los concejos, que también sufre una mayor incidencia de contagios desde el enero.

En total, la comarca ha sufrido un total de 1.894 casos positivos, 986 en Carreño y 908 en Gozón. En cuanto al sexo, han sido las mujeres las que se han visto más afectadas por el virus que los hombres. Del total de contagiados, 1.040 personas del sexo femenino, por los 854 casos que se han dado entre varones.

En lo que respecta al último mes, Carreño registró dos fallecidos mientras que en el concejo vecino no hay constancia de ninguna muerte por covid. En el último mes, hubo123 positivos en la comarca.

En lo que va de año, se han registrado casi tantos contagios como en toda la pandemia. Desde la aparición del coronavirus, se han registrado 3.808 casos positivos y 60 fallecimientos por causa del covid, siendo Carreño el concejo con una mayor incidencia acumulada.

Pero Carlos sí. «Mis tíos me contaron que se pasaba el día llorando y que en todo momento estuvo conmigo», cuenta emocionada. 

 

El peor día fue el 28 de diciembre. El corazón de Cristina estaba fallando y no le daban ninguna esperanza de vida. «Llamaron a la familia para que fueran a despedirse de mí», relata. Ese fue el único día que Carlos “piró”» por motivos de salud y fue su tía la que acudió al hospital. Fue una despedida «ficticia» porque, afortunadamente, la joven esta en casa, «mejorando poco a poco».

Cristina volvió a nacer, tal y como ella dice. Después de una traqueotomía, el 30 de diciembre empezó a mejorar, aunque muy lentamente. Y despertó. Fue el 23 de enero de este año, pero Cristina pensaba que era «el día de la Lotería». El Gordo, en esta ocasión, le tocó a ella con su recuperación y con el amor de Carlos. «No sabía que me quería tanto y que viniera a verme todos los días. Fue mi salvación».

Sin quitarle méritos a los profesionales que la atendieron tanto en la UCI como en planta. Recuerda que el equipo que la atendió en la UCI 3 «vestían de blanco porque estaba limpia», es decir, todos los enfermos ya eran negativo. También recuerda, una tanto avergonzada, cómo sentía que «las enfermeras querían matarme». La medicación y las consecuencias de la sedación no la permitían pensar con lucidez y «pensaba que las inyecciones moradas eran veneno», dice Cristina, entre risas. El trato en el hospital «fue exquisito» y el médico que la atendió en la UCI fue a despedirla el día que le dieron el alta. «Fue un ángel», dice agradecida.

Con quince kilos menos, «y otros quince por lo menos que tengo que bajar», la candasina arrastra algunas secuelas del COVID y de su paso por la unidad de cuidados intensivos. El habla, lo ha recuperado al completo y en ningún momento de la conversación se atisba algo de fatiga. Sí la nota al caminar y tiene que pararse cada poco. También al subir escaleras. Tensión alta, tiroides, colesterol, taquicardias… son algunas de las secuelas que le ha dejado el virus. Por suerte, los pulmones han mejorado mucho «aunque no están al 100%». 

Cristina, que ahora no se quita la mascarilla «para nada», cree que ahora tiene una segunda oportunidad. Antes de que el virus llegara a su vida, estaba muy ilusionada estudiando un máster de Urbanismo. Algo que tiene pensado retomar y no descarta presentarse a las oposiciones para Secundaria. A nivel personal, le toca a ella cuidar de Carlos, aquejado de ciática. 

Ejemplo que de los milagros existen, la candasina se muestra abrumada y agradecida ante las inmensas muestras de cariño, el ánimo, la fuerza y los mensajes llegados de toda la comarca.

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