

Las inundaciones han causado importantes pérdidas a los comerciantes de la zona. (E. F.)
Los comerciantes de la calle San Juan piden una solución a las repetidas inundaciones
Atribuyen la entrada de agua a las peatonalizaciones de los viales, al diámetro de las tuberías y al cierre de las salidas de pluviales a la mar
31/10/2026 / Gozón
H. G. ALONSO (Luanco)
Los titulares de los establecimientos de la calle San Juan piden una solución a las repetidas inundaciones que se dan en la zona. «Vamos a mandar un escrito al Ayuntamiento; lo hemos puesto en manos de un abogado», explican.
En octubre se produjeron dos en apenas en una semana. La más grave ocurrió en la madrugada del sábado 3 al domingo 4. Desde las cuatro de la madrugada «estuvimos sacando agua sin parar». «Al jueves siguiente se volvió al inundar. No es una cosa puntual ni un riesgo excepcional», lamenta uno de los afectados.
Atribuyen la entrada de agua a sus negocios a las peatonalizaciones de los viales, al diámetro de las tuberías, al cierre de las salidas de pluviales a la mar y a la limpieza de las alcantarillas. «No es lo primera vez que pasa. Antes entraba por las mareas y, ahora, también con la lluvia. Desde que empieza el otoño hasta abril, cada dos por tres va a pasar esto», subrayan. «No es como hace doce años que el mar lo destrozó todo. Cada vez que llueve un poco, tenemos ya jaleo», agregan.
POR EL RETRETE
Lo sorprendente de todo es que las chapas o los cierres metálicos no sirvieron para mucho. Hubo negocios que les salió el agua incluso por el retrete. «Tiene que haber un problema de tuberías porque sino no entraría por la zona del baño», señala Daniel Acuña Álvarez, de Acuña Espacio de Arte.
Belén Menéndez, de Carnicería Floro, explica que poco después acudió el responsable del servicio de Obras, que valoró que una de las soluciones sería «poner una tubería con un diámetro más ancho». El triple de grandes, a criterio de un ingeniero que reside en la zona, porque «las tuberías ya no tragan; no dan abasto». «Puse la chapa y pensé: “De esta libramos”. Pero tenía el agua detrás de mí. Nos entró por la pared que da a los patios. Me asusté; fue horrible», relata la carnicera.
«Esto antes no pasaba. Llevo 38 años con la tienda y nunca sucedió hasta que hicieron la calle nueva. Este año hicieron lo de La Ribera (calle Gijón y alrededores), quitaron la carretera y la acera y fue peor todavía. Una piscina», señala María Luisa Fernández González, de Zapatilleria Nika. «Nunca pasó esto hasta que se hizo la calle», confirman en el resto de negocios.
Las obras de peatonalización de la calle San Juan se remontan al año 2009, cuando estaba en la Alcaldía Salvador Fernández (PP). «De aquella fuimos dos veces al Ayuntamiento de Gozón y mandamos firmas que se metieron por registro, pero quedó en nada», confirman en la Carnicería Floro.
La peatonalización de la calle Gijón tampoco ayuda mucho. «Desde que se ha hecho lo nuevo, ya se ve cómo baja el agua. Va a peor», indicen. «Con la obra de ahora se inundaron casas al lado del Museo Marítimo», dice uno de los vecinos.
También contribuye a los repetidos siniestros el taponamiento de varios tubos de salida que hay en la playa de La Ribera. «Costas los cierra porque dice que el agua de pluviales no puede ir a la mar», explica Belén Menéndez.

Vista de la calle desde una de las viviendas. (E. F.)
La propia concejala de Infraestructuras, Mariana García Menéndez, se acercó a la calle para echar una mano en la Zapatilleria Nika, quizá el comercio más afectado. Su familia, que tiene un negocio allí, también ayudó en la Clínica Dental Ana Belén Alba, donde el agua estropeó los costosos sillones o unidades dentales, que van conectados a la red eléctrica por el suelo. Y los males no fueron mayores porque cuentan con una persiana especial con cierre estanco. Supuestamente, el agua así no entraría, pero cuando llega «por encima de la rodilla, filtra por cualquier sitio». También por los patios.
«Salí escopetada a la tienda y me encontré todo inundando. Encima metí la pierna dentro de una alcantarilla. Si llega a estar la marea alta, no sé qué iba a ser de mi vida», relata María Luisa Fernández, que confiesa que vivió la situación con «mucha tensión, impotencia y rabia».
Desafortunadamente, la zapatillería acababa de ser reformada. Ese mismo sábado habían estado montando los muebles tras realizar una obra y pintar. La colección de invierno también estaba lista. Los destrozos fueron muchos, pero no llamó a su seguro porque tiene mala experiencia de las anteriores veces. «Tienes que estar con la tienda cerrada con la humedad hasta que lleguen; no puede ser», lamenta. Entonces, se puso a limpiar hasta que pudo reabrir. «Gano más así que esperando a que el consorcio me pague», indica.
Además, hubo daños en Acuña Espacio de Arte. «Mi padre bajó sobre las tres y media de la madrugada y ya vio la calle cargada. Puso la chapa, pero aún así entro y no sólo por la puerta de entrada, sino también por el baño», explica Acuña, que dice que los daños se limitaron a los zócalos y las paredes. El empresario fue previsor. «Puse el suelo porcelánico adrede», apunta.
No hubo ninguna obra de arte afectada afortunadamente porque había aplazado una exposición. Las piezas estaban sobre mesas altas. Su autores acudieron a recogerlas al día siguiente.




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